OPINIÓN
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| Rafael de la Fuente,
profesor invitado de la Universidad de Cornell. |
Última actualización 29/01/2010@21:46:55 GMT+1
No es una exageración decir que el Grupo Savoy es hoy en día el grupo de hoteles más distinguido del planeta.
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| Ramón Pajares, presidente del Grupo Savoy entre 1994 y 1999. |
Su trayectoria empresarial, la calidad de sus hoteles, la historia y las tradiciones que éstos acumulan, su política de recursos humanos, su capacidad de generar beneficios y valor añadido, su culto a la excelencia sin concesiones y su imagen internacional lo confirman.
Muchos andaluces ignoran que a finales de 1994 un español, nacido en la provincia de Jaén, fue nombrado presidente de este grupo, en el que figuran hoteles londinenses con nombres tan míticos como el Savoy, Claridge's, The Connaught y The Berkeley, además del famoso Lygon Arms, en Worcestershire. El consejo de administración de la compañía estaba entonces dividido sobre los posibles candidatos para la presidencia del grupo. Decisión vital para el futuro de esta espléndida colección de grandes hoteles, a la que se unían cinco famosos restaurantes londinenses. Los resultados financieros de la gestión de la empresa arrojaban pérdidas y no estaban a la altura del prestigio de la misma. Al final hubo un nombre en el que el consenso fue total: don Ramón Pajares, Vicepresidente para Europa de la poderosa cadena hotelera canadiense Four Seasons, con base en Londres. Nunca el Savoy Group voló tan alto como en aquellos años en los que Ramón Pajares fue el presidente del grupo. Cuando decidió retirarse a finales de 1999, el grupo había pasado a una envidiable situación de beneficios (50 millones de libras en el último ejercicio). En sus cinco años de presidencia del Grupo Savoy, este gran hotelero consiguió revitalizar la compañía, consolidando su posición como el grupo de hoteles de alta gama más prestigioso de la hotelería internacional. A lo que no fue ajeno el programa de inversiones que él inspiró y tuteló (90 millones de libras esterlinas) que llevó a los hoteles y restaurantes del grupo a los más altos niveles de excelencia operativa de la industria.
No me sorprendí cuando me llegaban noticias de los éxitos de Ramón Pajares como presidente del Savoy Group y sobre su maestría en asumir brillantemente los retos que representaba la gestión de una empresa considerada como una de las instituciones más prestigiosas del Reino Unido. Al fin y al cabo yo conocía a Ramón Pajares desde la década de los setenta. Recuerdo mis primeras estancias entonces en el flamante Inn on the Park (el actual Four Seasons de Londres) en Hamilton Place, enfrente de uno de los clubs privados más deseados de la ciudad, Les Ambassadeurs. El hotel era técnicamente perfecto. Su situación en Mayfair, junto a Hyde Park, rodeado por otros grandes hoteles, era absolutamente privilegiada. Pero lo que más me impresionó del Inn on the Park era la calidad de su personal. Ellos hacían posible que aquella maquinaria no sólo fuera perfecta. Simplemente parecía que lo que hacían era lo más natural y lo más fácil del mundo. 24 horas cada día del año, el hotel funcionaba como la suma de talentos, esfuerzo humano y dedicación que hay detrás de una gran orquesta. Confieso que me alojé en el Inn on the Park gracias a las recomendaciones de Temple Fielding, autor de una de las guías de hoteles más influyentes de aquella época. Fielding lo sabía. Y yo también. Detrás de aquel hotel espléndido, de aquellos restaurantes inolvidables, había un director excepcional.
La primera vez que saludé a Ramón Pajares fue en el hall de entrada de su hotel. Navegaba, aparentemente relajado y siempre sonriente, saludando a sus clientes. Me interesó la sintonía perfecta entre él y su personal. Como se decía del gran Ritz, dirigía su casa con un simple movimiento de sus cejas. Se parecía algo a Humphrey Bogart y también a Albert Camus. Me cayó estupendamente. Y comprendí que él era el arma secreta detrás de aquel hotel, con su capacidad de motivación, con su imperativo de exigirse a sí mismo el esfuerzo máximo, con su generosidad con sus colaboradores en la hora de compartir los éxitos. Como el personaje de Kipling. Y no tuvo que ser fácil para un recién llegado triunfar como él lo hizo en la ciudad de la Corte de San Jaime, poseedora de algunos de los mejores hoteles del planeta.
En mis frecuentes estancias en el Inn on the Park iba llenando mi cuaderno de notas con todas las mejoras y novedades que iba observando en el hotel. Muchas de ellas las puse en práctica en los hoteles donde yo trabajaba entonces: el hotel Los Monteros de Marbella y el Villa Magna en Madrid. Con el paso del tiempo fui conociendo mejor al maestro y a su familia. Su esposa, Jean, será siendo para mí la gran dama del mundo mágico de los grandes hoteles y la compañera más que ideal de un genio como Ramón Pajares. Mi mujer y yo la admiramos y la respetamos profundamente. Como admiramos a sus tres hijos. Es indudable que de ellos podemos decir aquello tan andaluz de “tienen a quien salir”.
Necesitaría muchas más páginas en este número de Andalucía Única para recoger en su complejidad y riqueza toda la carrera de Ramón Pajares. Empezando por sus primeros años de estudios y trabajo en la hostelería, en Cataluña. Su llegada, en los años sesenta, al Hotel Reina Isabel en Las Palmas de Gran Canaria, como un jovencísimo maître d'hôtel. Sus experiencias profesionales en Inglaterra, en Canadá y en Estados Unidos. Su primer puesto como director, en el Hotel San Antonio, de la compañía Hocasa, en Lanzarote. Su incorporación a la prestigiosa cadena Four Seasons, donde trabajó durante 22 años. Su nombramiento como Director General del Inn on the Park en 1975. Su nombramiento posterior como Vicepresidente Regional para los hoteles de la cadena en Europa. Su participación en la apertura del Regent Hotel de Londres (ahora el Landmark) y el Four Seasons en Milán. Además de sus intervenciones -siempre brillantes -en la planificación de los Four Seasons de Berlín y Estambul.
También necesitaría mucho más espacio para detallar las actividades de nuestro gran hotelero en el mundo académico e institucional vinculado a la industria de la hospitalidad. Y muy especialmente en el campo de la formación profesional, en el que sus logros ya son parte de un legado muy importante y altamente apreciado por los grandes hoteles. Prueba de ello fue la creación de un modélico Centro de Formación para el Grupo Savoy. Su vocación docente le sigue llevando a los foros y encuentros internacionales, como un admirado experto y conferenciante.
Y la lista que pudiera recoger los honores y galardones acumulados a través de una vida ejemplar sería interminable. Destacaré sus condecoraciones españolas: La Cruz de la Orden del Mérito Civil, la Medalla de la Orden de Isabel la Católica, y la Medalla de Plata al Mérito Turístico. También debo mencionar una distinción británica que Ramón Pajares valora y aprecia inmensamente. La que le entregó en el Palacio de Buckingham Su Majestad la Reina Isabel el 16 de mayo del año 2000: la prestigiosísima O.B.E. (la Orden del Imperio Británico), por sus merecimientos y sus servicios a la industria hotelera. He visto fotos de ese momento tan emocionante en la vida de Ramón Pajares y su familia. La verdad es que me sentí muy orgulloso de ser uno de sus amigos. Y yo propondría otra distinción para Ramón. La de ser un ejemplo perfecto de las virtudes y atributos de un caballero español y de un gentleman británico. Sí. Fueron décadas protagonizadas por auténticos gigantes. Y Ramón Pajares fue uno de ellos.
Ahora es fácil decirlo. Y espero que Ramón permita esta pequeña confidencia. Estuve seguro entonces, hace más de 34 años, cuando lo conocí, que el nombre de Ramón Pajares llegaría un día a unirse a los de Cesar Ritz, o Conrad Hilton, o los hermanos Walterspiel, o Henri Negresco, o Lorenz Adlon. Y así ha sido.
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| Imagen del Hotel Claridge’s, del Grupo Savoy, en Londres. |