En Nueva York no es fácil para un gran hotel mantenerse en ese exclusivo grupo donde muchos son los llamados y pocos los elegidos. El Pierre lo ha conseguido. Y no ha sido fácil. Todo empezó hace más de un siglo. En Ajaccio, la capital de Córcega. No muy lejos de la casa donde nació Napoleón, Madame Casalesco, la esposa de un conocido “restaurater” local”, tuvo un hijo.Lo bautizaron con el nombre de Charles Pierre. Carlos Pedro. Empezó jovencísimo a trabajar en el negocio familiar. En 1897, con 18 años, decidió cambiar de horizontes. Se marchó a Monte-Carlo. Dejó en casa para siempre el apellido de Casalesco. A partir del momento en el entró para trabajar como botones en el Hôtel Anglais de la capital monegasca sería Charles Pierre. Nada más.
Era la edad de oro de la Costa Azul francesa. Y Monte-Carlo era el Koh-i-Noor de la corona. No era un mal sitio para que un joven con vocación de hotelero se iniciara en los secretos de una de las profesiones más apasionantes del planeta. Desde Mónaco Charles Pierre se traslada a Paris, donde aprende todo lo que hay que saber sobre el mundo de los grandes restaurantes y los grandes hoteles. Y desde allí a Londres, donde se incorpora a la organización del gran restaurador internacional Louis Sherry. El empresario decide confiar al
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| Vistas del hotel desde Central Park. |
joven Charles Pierre su representación en Nueva York. En 1904 desembarca en aquella ciudad en la que dejaría para siempre una huella inconfundible de su paso. Rápidamente Charles Pierre se convierte en el profesional indispensable para organizar banquetes únicos por su calidad y por su elegancia para algunas de las familias más poderosas de América: los Astor, los Vanderbilt, los Stuyvesant o los Gerry. Un día aquel joven hotelero venido de Francia se enfrentó a su patrón. Louis Sherry se negaba a permitir que las señoras fumaran en su restaurante. Charles Pierre se marchó. Al poco tiempo nacía un nuevo restaurante -una creación, la primera, del hotelero francés- en una de las mejores direcciones de Nueva York: el 230 de Park Avenue.
Fue un éxito total. Los fieles clientes de Pierre, los “blue-bloods” de la ciudad, lo convirtieron inmediatamente en el lugar de moda. Y la lealtad del hotelero a las damas fue premiada. Las mujeres más influyentes y distinguidas de la ciudad fueron sus principales aliadas. En 1928 se presentó la oportunidad que Charles Pierre esperaba para hacer realidad su viejo sueño. Tener su propio hotel. Ese año, falleció uno de sus más antiguos clientes, Elbridge T. Gerry, dejando a su hijo la inmensa residencia familiar entre la
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| imagen del Two E Bar/Lounge. |
Quinta Avenida y la calle 61, junto a Central Park. Aceptó éste que Charles Pierre construyera allí un hotel excepcional. Con el respaldo de un grupo de financieros que respetaban y admiraban la profesionalidad de Pierre el proyecto se hizo una realidad.
En febrero de 1929 comenzaron los trabajos. Los famosos arquitectos Schultz y Weaver habían diseñado un atractivo y elegante edificio de 42 pisos para albergar 700 habitaciones. Con un inconfundible sabor que recordaba a un Château francés. Como resueltamente franceses serían el servicio y la cocina del nuevo hotel, en la que Charles Pierre fue asesorado por el maestro de maestros, el gran Escoffier. Y, por supuesto, todos desearon que el hotel se llamara The Pierre.
Pero el destino le estaba preparando una mala pasada a Charles Pierre. En octubre de 1929 estalló la primera de las grandes catástrofes financieras norteamericanas. El hundimiento de Wall Street y la recesión mundial que siguió llenaron de escollos la navegación del flamante hotel. El maestro Charles Pierre falleció en 1934. En 1938 un magnate americano, John Paul Getty, el dueño de la Standard Oil. adquirió el hotel. En realidad The Pierre no consiguió hacer realidad todo su potencial hasta mediados
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| Vista de una de las suites del hotel. |
los años cuarenta, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando empezaron los años gloriosos del Pierre. Todo el mundo quería olvidar los tiempos amargos de la guerra. Era raro el día en el que no había varias celebridades alojadas en el hotel. Y en el restaurante del piso 42, animado por las mejores orquestas de América, la sociedad neoyorquina recuperó su buen humor , su optimismo y sobre todo su deseo de hacer una realidad el arte de vivir. Confesaba el maestro René Lecler, que adoraba este establecimiento, tan francés como neoyorquino, en el que la esbelta torre del hotel parecía señalar al cielo de Nueva York, de igual a igual.
El Pierre era perfecto porque todos los pequeños detalles eran perfectos. El hotel no podía competir con los fastuosos salones y las instalaciones del Waldorf Astoria o el Plaza. Pero tenía toda la magia de un hotel donde el cliente se siente como el centro del universo. En los años setenta The Pierre tenía 196 habitaciones en vez de las 700 originales. Los diversos propietarios que habían sucedido a Charles Pierre habían vendido parte de ellas como apartamentos de gran lujo. Entre los compradores estaba la actriz Elizabeth Taylor. No fue aquello una mala idea. Salvó al Pierre de complicaciones financieras que podían haber sido peligrosas para el futuro del hotel. Y sobre todo redujo la capacidad del Pierre a
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| El Pierre siempre ha sido perfecto porque todos los detalles son perfectos. |
un número de habitaciones que permitía una gestión perfecta como hotel muy exclusivo que nunca haría concesiones a la mediocridad. Esa mezcla de excelencia, buen gusto y discreción fue mantenida por las dos importantes cadenas hoteleras internacionales que adquirieron el Pierre: A partir de 1974 la británica Trust House Forte y después la canadiense Four Seasons, en 1981. Ambos experimentados gestores de hoteles de gran clase internacional.
Coincidiendo con su 75 aniversario en 2005, The Pierre se une a otra prestigiosa cadena internacional de grandes hoteles: Taj Hotels Resorts and Palaces. Forma parte del grupo de empresas Tata & Sons, un inmenso conglomerado indio, propiedad de la familia Tata, con inversiones importantísimas en los cinco continentes. Tuvo su origen Taj Hotels en el famoso Taj Mahal de Bombay, creado por el patriarca de la familia, Jamsetji Tata, un influyente y brillante empresario de Bombay, de origen parsi. Dicen que abrió su espléndido hotel en 1904, molesto por el hecho que en aquellos años del British Raj los indios recibían un servicio en los grandes hoteles de Bombay no siempre comparable con el que recibían los miembros más distinguidos de la entonces colonia británica. Por cierto, tengo una gran admiración por ese hotel de la gran ciudad india. Le dediqué uno de mis primeros artículos (octubre de 2006) en esta serie de Hoteles en la Memoria que con tanta profesionalidad publican mis amigos de Andalucía Única.