Hemeroteca :: 01/02/2012
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OPINIÓN
Última actualización 31/01/2012@22:31:51 GMT+1
Miguel Bordera, director de hotel y técnico de empresas turísticas.
Sirviéndome del título de la novela del insigne nobel de literatura, Ernest Hemingway, “París era una fiesta”, año 1964, quiero dejar constancia de que Fitur ha vuelto a ser una fiesta, un fiestorro me atrevería a decir, si bien este año con mucho espacio libre y con menos apretujones que otras veces.
En cualquier caso, nada que ver con las penurias que dice Hemingway que pasó en París junto a su esposa Hadley Richardson, pero mucho que ver con la felicidad que también reconoce el novelista haber disfrutado en aquella época. Felicidad y satisfacción que fluían por la boca de los mandatarios políticos y de su corte habitual de gregarios en este tipo de actos, los cuales no sólo parecían estar ajenos a la grave situación de crisis actual, sino que seguían alardeando de cifras increíblemente optimistas en las que ni ellos mismos creo que creen, pues no en vano pregonaban, cual prestidigitadores afamados, unos magníficos resultados económicos que, sin ningún rubor, sacaban de la chistera con total desfachatez y desconsideración hacia los compungidos empresarios y dirigentes turístico-hoteleros allí presentes, los cuales, atónitos, no salían de su asombro ante tamaño esperpento, sin que eso fuera óbice para que no aplaudieran por pura cortesía.

Y es que Fitur, con el paso de los años, se ha convertido en el mayor foco de atracción capaz de convocar a todo político que se precie de serlo, no importa si están en el poder o en la oposición, si son del área de Turismo o de cualquier otra. Allí confluyen, como moscas atraídas por la rica miel, políticos de todas las tendencias. La mayoría de ellos -menos mal que no todos- viajan con cargo a las esquilmadas arcas de sus municipios y autonomías, y aprovechan esta feliz circunstancia ferial para evadirse de sus obligaciones y para darse inmerecidos homenajes gastronómico-festivos a costa de los contribuyentes. En realidad -como así lo reconoció uno de los mandatarios presentes en un gesto que le honra- vienen a presentarnos y a vendernos a nosotros mismos, es decir, a los que ya vivimos y trabajamos en sus municipios y autonomías, las novedades y las excelencias de su “cortijo”. Para ello no les importa organizar comidas de muy dudosa efectividad promocional; presentaciones de todo tipo de innovaciones y proyectos que suelen quedar después en eso, en meros proyectos; firmas de supuestos acuerdos comerciales cuyos frutos casi nunca se recogen; discursos cansinos, repetitivos, vacíos de contenido y, por supuesto, nada ilusionantes; promulgación de verdaderos sofismas que, lógicamente, generan confusión y desengaño; promesas que quedarán -un año más- en el olvido y, eso sí, mucha televisión, radio y prensa locales para dar fe de ello, que para eso cobran, o cobraban hasta ahora.

Lo dijo Aldous Huxley (1894 - 1963), novelista y ensayista inglés emigrado a Estados Unidos, “Time must have a stop” (El tiempo debe detenerse). Ciertamente, no es posible continuar así por más tiempo. Se impone un “stop and go”, como las penalizaciones que se aplican a los que infringen el reglamento en las carreras de motos y de coches. Hay que parar y salir de la tendencia a la deriva en la que nos encontramos. Hay que confiar en que el nuevo Gobierno sea capaz de sacarnos del pozo sin fondo en el que estamos metidos… Que no nos ocurra a nosotros lo que enfatizaba el Filósofo y Ensayista español Ortega y Gasset (1883 - 1955) cuando decía: “Lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”…
Pero mira por donde, acabamos de estrenarnos con un profundo cambio político en nuestro país, antesala de lo que puede ocurrir muy pronto en Andalucía, si bien, de entrada, nuestro gozo en un pozo, ya que el flamante Ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ha dicho que no es el momento para aplicar un Iva reducido al Turismo, contrariamente a lo que dieron a entender que harían durante la campaña electoral e incluso antes. Tampoco ha querido entrar a tratar lo de la mejora de la fiscalidad en general, a pesar de que el partido ahora en el Gobierno había apoyado este tipo de iniciativas durante la pasada legislatura… No obstante, si nos atenemos al programa electoral del PP, allí sí que se hablaba, entre otras cosas, de la elaboración de un Plan de Turismo Integral que valorase el sector como prioritario; de la reconversión integral de zonas turísticas maduras y degradadas; de agilizar los trámites para la concesión de visados turísticos; de la mejora del tratamiento fiscal; de la promoción específica para evitar la estacionalidad; de la simplificación de la legislación turística y de la promoción de la imagen de España como destino turístico de calidad, aunque de lo dicho al hecho, al menos de momento, nada de nada.

Así las cosas, no es de extrañar que haya un cierto pesimismo y mucha preocupación en una de las patas de la mesa del Turismo, la de los Empresarios, que están otra vez con el agua al cuello a pesar de las cifras triunfalistas de visitantes y de ingresos que nos anuncian los voceras: un aumento del 2,6% del PIB Turístico con respecto al 2010, lo que dicen que se ha traducido en 2.678 millones de euros más en actividad turística con respecto a ese año y en la creación de 17.000 puestos de trabajo más (supongo que estas cifras -y con razón- habrán provocado inmediatamente un ataque de risa tonta y compulsiva en otra de las patas de la mesa, la de los Sindicatos). La realidad, sin embargo, al menos la realidad que tiene más próxima el que esto suscribe, la de la Costa del Sol, dista mucho de encajar en esas predicciones tan optimistas. Este es, con diferencia, uno de los peores inviernos que se recuerdan en esta zona. Hoteles que nunca habían cerrado sus puertas, salvo por reformas puntuales, lo han hecho este año por motivos la mar de dispares, si bien todos podrían resumirse en uno: crisis. La relación asusta al más pintado: Beach Club Torremolinos, Las Palomas, Al Andalus, Tropicana y Sol Aloha Puerto, entre otros, en Torremolinos; mientras que en Benalmádena-Costa han hecho lo propio Palmasol, Alay, Tritón, Palia La Roca, Los Patos, Torrequebrada y algún otro. Eso representa 1.250 habitaciones (algo más de 2.500 clientes) en Torremolinos y 1.700 habitaciones (unos 3.500 clientes) en Benalmádena-Costa. No me negarán ustedes que estamos hablando de cifras muy respetables que afectan a casi 1.000 trabajadores, los cuales se encuentran ahora disfrutando forzosamente de “los lunes al sol”, y los martes, y los miércoles… Una situación que supone tener un promedio de entre 3.000 y 6.000 clientes menos alojados en estas dos poblaciones, lo que no deja de ser un torpedo en la línea de flotación de las respectivas economías de ambos municipios.

Al mismo tiempo, privados del socaire de los hoteles y de sus clientes, los comercios, bares, restaurantes y los pocos centros de ocio que van quedando (acaba de cerrar la más importante discoteca de Benalmádena-Costa) casi todos enarbolan ya expresivos carteles en su puerta: “se vende”, “se traspasa”, “se alquila”, o simplemente cerrados a cal y canto, que hasta la más importante referencia mundial de las hamburguesas ha sido alcanzada por el latigazo de esta crisis, habiendo cerrado definitivamente alguno de sus más emblemáticos locales en la zona, ¡Vivir para ver!...

Por su parte, los hoteles que le han echado redaños al asunto, en un acto de temeridad nada aconsejable a tenor de los resultados, se encuentran ahora con que, en vez de estar más llenos al haber muchos hoteles cerrados, resulta que no es así, que están igual o peor que en años anteriores, es decir, que están quemando las pocas ganancias de un verano totalmente irregular y atípico, un verano en el que -como bien puntualizaba un buen amigo y colega- los hoteles han seguido perdiendo rentabilidad por la guerra de precios a la baja (un hotel lleno ya no significa necesariamente que sea rentable)… Bien cierto es que algunos se las prometían muy felices porque al ser menos a la hora del reparto, supuestamente tocaban a más. Pero no, no ha sido así, y de nada han servido los esfuerzos por atraer a los ciudadanos de la Europa del Este, mediante programas subvencionados arbitrariamente y sin apenas haber contado con las recomendaciones de los hoteleros, ya que los ciudadanos de la Europa del Este seguramente están algo menos adelantados que nosotros, pero, desde luego, no son tontos, y si pueden venir de vacaciones al mismo precio (22 eurillos, media pensión) en Octubre o en Mayo, no esperemos que lo hagan en Enero o Febrero. Así de simple.

En éstas estábamos cuando aparece el ínclito Comisario Europeo de Industria y Emprendimiento, un tal Antonio Tajani, italiano, fundador del grupo político “Forza Italia”, y va y suelta la descabellada idea de la creación de un “Imserso Europeo”, lo que equivaldría a que los pocos clientes europeos que todavía nos siguen siendo fieles y nos visitan varias veces al año a través de los canales normales de distribución, a los que se les aplican unos precios bajos pero asumibles, resulta que, si prosperase esta idea, podrían venir de vacaciones a España a precios de Imserso o de Turismo Senior Europeo, que tanto monta, monta tanto, con lo cual en La Alhambra, por señalar el monumento más visitado de España, seguirían frotándose las manos, pero los hoteleros acabarían inmersos en una ruina que abocaría en su desaparición, ya que los jubilados españoles, a la recíproca, también querrían salir a descubrir mundo allende nuestras fronteras, en lugar de quedarse en su propio país como lo están haciendo ahora.

Esta es la realidad de la Costa del Sol en este invierno, un invierno bastante benigno climatológicamente hablando, pero muy negativo en todo lo demás. Menos mal que el nuevo Presidente del Gobierno, el Sr. Mariano Rajoy, le ha enmendado la plana a su Ministro de la cosa turística, y en el acto de inauguración del VI Foro de Liderazgo Turístico de Exceltur, celebrado en los días previos a Fitur, ha dicho que, dentro del Plan Integral de Turismo, al que no ha renunciado el Gobierno, simplificarán la normativa y la eliminación de cargas (lamentablemente ha pasado de largo en lo de la reducción del Iva), apostando por la innovación como medio para incrementar el gasto del turista, facilitando una diferenciación de los productos turísticos (“no sólo queremos ser los primeros, sino también los mejores”) y prestando la máxima atención a los destinos turísticos maduros, cuya reconversión sigue siendo objetivo prioritario del Gobierno, para lo cual ha pedido el esfuerzo y la ayuda de todos, especialmente de los empresarios. Hasta aquí, creo que todos de acuerdo, pero sería deseable que el Sr. Rajoy se aplicara a sí mismo el criterio que tantas veces recomendó a su antecesor, para dejar de vendernos humo y ponerse inmediatamente manos a la obra, que eso es lo que están deseando sus votantes.

Mientras tanto, y a modo de paliativo circunstancial, permítanme que haga uso de una memorable frase del genial dramaturgo y poeta inglés Sir William Shakespeare (1564 - 1616) cuando dijo que “La copa de vino es el Santo Grial, donde la verdad de la vida, si existe, se encuentra”… A ver si va a resultar ahora que lo del despilfarro de Fitur sirve para algo más de lo que algunos pensábamos, en cuyo caso, que no cunda el pánico, “comamos y bebamos, y cantemos y folguemos, que mañana ayunaremos” (villancico de Juan de la Encina 1468 - 1529).
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